Autor: BINGEMER, M. C. L..
Editora: Cordoba: Pieco, 2025.
Cada vez que se afronta el tema de la Teología de la Liberación se ingresa en un territorio, tanto desde lo intelectual como desde lo pastoral, susceptible de atravesar pasiones y a veces duras polémicas. No pocos consideran que constituye la forma de mayor interés de las corrientes teológicas de este continente, mientras otros señalan las varias diferencias que se plantean: ¿puede decirse que en la Argentina la Teología del Pueblo (Gera, Scannone) con la que el papa Francisco demuestra marcadas afinidades, es una forma de la Teología de la Liberación? El debate queda abierto. Resulta de provecho como introducción a este trabajo el texto de Catherine Cornielle, del Boston College, referido a la inculturación y contextualización y con el cual se abre el libro: un válido e inmejorable punto de partida.
El trabajo de Maria Clara Lucchetti Bingemer, reconocida teóloga de Río de Janeiro, autora de numerosas obras, se centra en la pregunta sobre la identidad de la Teología de la Liberación y su vigencia actual, después de los años de aparente desinterés y manifiesta crítica a lo largo del pontificado de Juan Pablo II. Siempre ilumina la observación del pensador peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de esta teología, cuando afirma que “es na reflexión crítica sobre la praxis”. Pero la autora amplía sus consideraciones más recientes, en particular sobre las pobrezas antropológicas, las religiones indígenas y africanas, la ecología y, en especial, sobre la mujer y su significación y lugar en la Iglesia y en la sociedad. Aportan las menciones a las figuras de Pedro Arrupe y Jean-Yves Calvez, aunque en su momento no coincidieran demasiado con Jorge Mario Bergoglio, superior local de los jesuitas y luego arzobispo de Buenos Aires. Hoy el papa Francisco pareciera ser para algunos historiado en su momento Roma. De todas maneras, vale siempre el método de “ver, juzgar y actuar” (ya presente en Juan XXIII y Pablo VI) frente a la realidad latinoamericana, que se ha extendido a muy diversos contextos africanos y asiáticos en el Tercer Mundo.
Con su extensa experiencia de investigación y proximidad pastoral, la autora tiene desde Brasil un lugar privilegiado de observación. La iglesia en Brasil cuenta con una historia y con múltiples iniciativas que no son necesariamente similares en México o en Argentina, por ejemplo, donde las iglesias locales fueron tradicionalmente más conservadoras y extremadamente ortodoxas con respecto al pensamiento romano. Claro, las figuras del brasileño Helder Camara, la del chileno Manuel Larrain y la del francés Roger Etchegaray, tres emblemáticos obispos, aportan mucho en este panorama que, a partir de América Latina, se extendió en la reflexión teológica hacia otras latitudes. Pero ciertamente los pobres como centro de reflexión y acción, la perspectiva feminista y los derechos humanos se suman a la visión ecológica actual (el brasileño Leonardo Boff en particular) con la aspiración a incidir en el universo teológico.
La autora recurre también al origen evangélico y a la posición de algunos grandes teólogos de los primeros siglos para sustanciar los más importantes aportes de la Teología de la Liberación. Ya Hans Küng señalaba que la Iglesia no podía quedar entre la visión del Medioevo, la Reforma y la Ilustración, sino estar “enraizada en su origen cristiano y concentrada en sus tareas actuales.” Se refería así al tema de la paz, de la superación de la pobreza, del ecumenismo, del cuidado de la tierra… El pensador suizo también observaba que la Iglesia no podía seguir siendo patriarcal, “anclada en imágenes estereotipadas de las mujeres”, ni hablar con “un lenguaje exclusivamente masculino”, o “ser eurocentrista”, que debía ser “una iglesia tolerante”, respetuosa y dispuesta a intentar aprender de otras religiones y garantizar una autonomía adecuada para las iglesias nacionales, regionales y locales”.
Finalmente, es de señalar que esta suerte de introducción a la Teología de la Liberación encuentra en la voz amena y en la pluma inteligente de Maria Clara Lucchetti Bingemer la presentación acertada a uno de los temas centrales del cristianismo en la sociedad actual. José María Poirier
Cada vez que se afronta el tema de la Teología de la Liberación se ingresa en un territorio, tanto desde lo intelectual como desde lo pastoral, susceptible de atravesar pasiones y a veces duras polémicas. No pocos consideran que constituye la forma de mayor interés de las corrientes teológicas de este continente, mientras otros señalan las varias diferencias que se plantean: ¿puede decirse que en la Argentina la Teología del Pueblo (Gera, Scannone) con la que el papa Francisco demuestra marcadas afinidades, es una forma de la Teología de la Liberación? El debate queda abierto. Resulta de provecho como introducción a este trabajo el texto de Catherine Cornielle, del Boston College, referido a la inculturación y contextualización y con el cual se abre el libro: un válido e inmejorable punto de partida.
El trabajo de Maria Clara Lucchetti Bingemer, reconocida teóloga de Río de Janeiro, autora de numerosas obras, se centra en la pregunta sobre la identidad de la Teología de la Liberación y su vigencia actual, después de los años de aparente desinterés y manifiesta crítica a lo largo del pontificado de Juan Pablo II. Siempre ilumina la observación del pensador peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de esta teología, cuando afirma que “es na reflexión crítica sobre la praxis”. Pero la autora amplía sus consideraciones más recientes, en particular sobre las pobrezas antropológicas, las religiones indígenas y africanas, la ecología y, en especial, sobre la mujer y su significación y lugar en la Iglesia y en la sociedad. Aportan las menciones a las figuras de Pedro Arrupe y Jean-Yves Calvez, aunque en su momento no coincidieran demasiado con Jorge Mario Bergoglio, superior local de los jesuitas y luego arzobispo de Buenos Aires. Hoy el papa Francisco pareciera ser para algunos historiado en su momento Roma. De todas maneras, vale siempre el método de “ver, juzgar y actuar” (ya presente en Juan XXIII y Pablo VI) frente a la realidad latinoamericana, que se ha extendido a muy diversos contextos africanos y asiáticos en el Tercer Mundo.
Con su extensa experiencia de investigación y proximidad pastoral, la autora tiene desde Brasil un lugar privilegiado de observación. La iglesia en Brasil cuenta con una historia y con múltiples iniciativas que no son necesariamente similares en México o en Argentina, por ejemplo, donde las iglesias locales fueron tradicionalmente más conservadoras y extremadamente ortodoxas con respecto al pensamiento romano. Claro, las figuras del brasileño Helder Camara, la del chileno Manuel Larrain y la del francés Roger Etchegaray, tres emblemáticos obispos, aportan mucho en este panorama que, a partir de América Latina, se extendió en la reflexión teológica hacia otras latitudes. Pero ciertamente los pobres como centro de reflexión y acción, la perspectiva feminista y los derechos humanos se suman a la visión ecológica actual (el brasileño Leonardo Boff en particular) con la aspiración a incidir en el universo teológico.
La autora recurre también al origen evangélico y a la posición de algunos grandes teólogos de los primeros siglos para sustanciar los más importantes aportes de la Teología de la Liberación. Ya Hans Küng señalaba que la Iglesia no podía quedar entre la visión del Medioevo, la Reforma y la Ilustración, sino estar “enraizada en su origen cristiano y concentrada en sus tareas actuales.” Se refería así al tema de la paz, de la superación de la pobreza, del ecumenismo, del cuidado de la tierra… El pensador suizo también observaba que la Iglesia no podía seguir siendo patriarcal, “anclada en imágenes estereotipadas de las mujeres”, ni hablar con “un lenguaje exclusivamente masculino”, o “ser eurocentrista”, que debía ser “una iglesia tolerante”, respetuosa y dispuesta a intentar aprender de otras religiones y garantizar una autonomía adecuada para las iglesias nacionales, regionales y locales”.
Finalmente, es de señalar que esta suerte de introducción a la Teología de la Liberación encuentra en la voz amena y en la pluma inteligente de Maria Clara Lucchetti Bingemer la presentación acertada a uno de los temas centrales del cristianismo en la sociedad actual.|

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